95 años del Cinzano

por Jorge Cancino y Danilo Herrera.-

Don Manuel, actual dueño, en puerta principal de Cinzano.
Don Manuel, actual dueño, en puerta principal de Cinzano.

95 años tiene aproximadamente el “Cinzano” de Los Andes, una extensa y rica vida que un breve artículo apenas podría detallar. Y es que dentro de su fachada que apenas se diferencia de cualquier otra de la ciudad, existe una fuente inagotable de relatos, anécdotas, personajes, y sobre todo comida y tragos que han acompañado a esta ciudad en un tramo no menor de su historia.

Dentro de esas paredes han transitado presidentes de la República, actores nacionales reconocidos, pero aún más importante, toda la gama de variopintos personajes que esta ciudad cobija en sus calles.

En viejos tiempos el “Cinzano” fue un lugar obligado de visita de políticos de importancia, si hasta se dice que el ex presidente Jorge Alessandri estuvo disfrutando de sus delicias. En aquellos días este local era atendido por Don Eulogio Díaz Saldivar y por la bellísima doña Olga, su esposa. Bajo su cuidado, “Cinzano” fue un restaurante especializado en preparaciones de cerdo: patitas, costillar, “chancho a la chilena”, entre otros. Dichos platos lograron gran fama en la zona incluso en la capital. Sin embargo, con la muerte de sus primeros dueños esa parte de la historia se cerró. Al no tener hijos, el local fue heredado a una sobrina de doña Olga. Así este quedó en manos de don Tito y doña Norma, centrándose en el servicio de bar al cual estuvo enfocado casi por 10 años.

Durante este tiempo, la amplia casona donde se ubicaba este local (para hacerse una dimensión de su amplitud, se extendía desde calle Rodríguez hasta calle tres Carrera) fue dividida en los hijos del matrimonio, quedando reducido a una porción de terreno mucho menor.

DSC02163Aún con aquella larga historia a su haber – seguramente poco conocida – quizá para muchos andinos el antiguo bar “Cinzano”, ubicado en calle Rodríguez, entre Avenida Santa Teresa y calle Yerbas Buenas, trae una imagen bastante clara: “Fábrica de curao`s”. Si bien es cierto que en algún momento, ya lejano, dicho apodo correspondía a la realidad, lo que encontramos hoy tras esas paredes dista mucho de aquello.

El responsable de este profundo cambio es Manuel Cruz, oriundo de Vallenar y que por cosas de la vida llegó a la ciudad hace unos 25 años para no irse jamás. A comienzos de la década del 2000 dateado por un amigo, decidió arrendar el local a Norma Díaz a quién pertenece actualmente “Cinzano”. La principal razón que movió a Don Manuel a hacerse con el espacio, fueron las posibilidades que sus múltiples patentes ofrecían (bar, restaurante, cabaret, entre otros). Los primeros años, cuenta, siguieron en parte con la línea de trabajo del establecimiento, es decir un bar que funcionaba hasta altas horas de la noche y en la cual se reunía una fiel pero problemática clientela. Sin embargo, comensales tan difíciles de tratar, así como las condiciones de abandono en las que se encontraba el local a su llegada, llevaron a que don Manuel concentrara todos sus esfuerzos en darle nuevos aires y cambiar profundamente el funcionamiento del querido “Cinzano”.

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Invirtió una gran cantidad de tiempo, esfuerzo y dinero en renovar el equipamiento del inmueble, reemplazando la viejísima maquinaria por nueva. Se separaron los ambientes; el del bar por un lado y el comedor por otro, lo que permitió resolver los reclamos de la autoridad sanitaria y darle una dinámica más funcional. Una de las más difíciles tareas fue lograr que aquella clásica y problemática clientela dejara el local, o por lo menos acatase las nuevas reglas. Para ello comenzó a cerrar el establecimiento a las 6:00 de la tarde, lo cual por cierto generó la molestia de muchos de clientes, quienes comenzaron a llamarlo con insistencia para preguntar qué sucedía. Pese a la aguerrida resistencia, logró afianzar su nuevo proyecto rápidamente y convirtió el rostro del “Cinzano”. Lo volvió un lugar más “amable”, centrado en la buena mesa, con un menú y una carta de tragos que se diferenciaba profundamente de lo acostumbrado allí años atrás.

Dichos cambios, es a destacar, vinieron con fama incluida. El año 2009 ocurrió un evento especialmente curioso. Un día y sin previo aviso, se apareció por el local un sujeto buscando al dueño del mismo. Se trataba del productor de la película “La jubilada”, cinta nacional dirigida por Jairo Boisier y protagonizada por Paola Lattus, Catalina Saavedra y José Soza y que fue estrenada en el 2011 en el festival de cine de Valdivia, y el 2012 en el festival internacional de cine de Rotterdam. Para grabar parte de la historia el equipo de la película necesitaba ubicar los locales más antiguos de la ciudad de Los Andes, por esto, y luego de barajar otras opciones, llegaron a Cinzano. Manuel cuenta con entusiasmo esos tres días de grabación que alborotaron y llenaron de historias su local, dentro los cuales el mismo llegó a grabar una escena.

Sin embargo, más allá de este momento de fama, para Don Manuel parte importante del éxito de su local – lo cual se expresa con claridad en la cantidad de gente cada vez mayor que asiste al “Cinzano” a comer- está en la preocupación por los platos y tragos que se sirven. De ahí que haya varios elementos que hacen tan particular y tradicional su local. Un menú característico que, desde el letrero de “Cazuela de vacuno todos los días” colgado afuera, nos adelanta una carta amplia que va desde el Arrollado, hasta el conejo, pasando por interiores, chupes, cazuelas y su famoso caldillo de congrio, que según dice está inspirado en el de Neruda. Pero la amplitud de la carta no es la única maravilla, pues los cerca de 40 platos ofrecidos están disponibles todos los días y son preparados por el propio Don Manuel, siendo los más populares la cazuela de vacuno, el chupe de guatitas (del cual dice tiene un “ingrediente secreto”) y el caldillo de congrio. Esta disponibilidad inmediata de todos los platos es resultado del carácter culinario creativo del propio Manuel, quien para cada plato posee un sin numero de secretos que nos fueron revelados, pero que guardaremos celosamente.

Los tragos que se ofrecen, no se quedan atrás y van de la mano de tan variada carta. Desde la receta especial de terremoto, hasta el borgoña de distintas frutas, la Chicha y el vino pipeño están presentes, tanto para acompañar la comida, como para pasar uno de esos días de calor en el bar del restaurant.

En fin, a poco andar por esta vieja casona del centro de Los Andes, es fácil darse cuenta de que “Cinzano” es un vestigio de aquella chilenidad popular, que mezcla elementos de la más picara urbanidad, con lo más entrañable de nuestra mesa y bebida campesina. El carácter bonachón de Don Manuel no es más que el reflejo de lo que es “Cinzano”: un espacio amable, cálido, respetuoso con la clientela y al mismo tiempo irreverente y popular.

El “Cinzano”, ahora también llamado “La piojera de Manolo” ha buscado conservar y expresar una sutil fusión de los mejores ánimos “güachacas”, tomando algo de algunos de los más tradicionales bares de nuestro país, y al mismo tiempo, expresando las particularidades de su historia y la impronta que don Manuel le ha impuesto.

DSC02155Dicen que no hay mejor lugar que el que es atendido por su propio dueño, y Cinzano es el más fiel reflejo de aquello. Nos vamos llenos de anécdotas, recetas y personajes, y con las más sinceras ganas de volver.

El gol más rápido de Chile

Por Jorge Cancino / Danilo Herrera.-[Untitled]001

En el barrio Centenario de la ciudad de Los Andes, sentados en una banca, en un punto intermedio entre una vieja Fuente de Soda y el busto de nuestro heroico Arturo Prat, escuchamos uno de esos relatos, donde más allá de los próceres y “los grandes hechos”, nos encontramos a la vida cotidiana y a punta de nostalgia, la más entrañable identidad local.

Corría el año 1976 y en el campeonato de fútbol de segunda división se enfrentaban en “el clásico del Aconcagua” Trasandino de los Andes contra Unión San Felipe. Como era lo común en aquellos tiempos, las graderías del Estadio de Unión San Felipe estaban llenas de fanáticos de ambos equipos. El encuentro fue peleado y emocionante, y sin embargo, más allá de los detalles propios de un evento de ésta categoría. El show fue robado por un sólo hombre: Luis Ahumada, delantero de Trasandino, quien a solo 15 segundos del inicio del pleito concretaría la hazaña deportiva de su vida: “el gol más rápido de Chile”.

Hoy Luis es chofer de colectivos, y ya retirado de hace mucho del fútbol profesional, recuerda aquellos tiempos de gloria:

A sus veinte años llegó a Trasandino después de haber pasado sus primeras experiencias de campeonato dentro del afamado Club Hermanos Clark. Este ascenso al fútbol profesional le trajo cambios importantes en su vida. Lo llevó a enfrentarse en segunda división con los principales equipos del torneo: Unión San Felipe, Wanderers y La Serena, entre otros. Le permitió recorrer todo el país en avión y tren, jugando el deporte de sus amores, y si bien competir en segunda división no lo hizo millonario, y tuvo que seguir trabajando para mantenerse, su talento y esfuerzo le permitieron trabajar y dedicarse diariamente por 4 horas a entrenar.

Para Luis en aquellos tiempos el fútbol se vivía de otra manera. Una gran fanaticada acompañaba a trasandino por largas distancias; buses e incluso trenes eran arrendados por hinchas benefactores para que Los Andinos viajasen a cada encuentro del equipo.

En un ambiente mucho más familiar los partidos llenaban los estadios, que aunque pequeños, atraían a una incondicional fanaticada. Los gastos del equipo se cubrían a pulso, en una suma de fuerzas entre eventos especiales, venta de entradas y el aporte de auspiciadores locales (Casa Any, Najum, Omeñaca, Cariola, etc).

En este escenario de aquel fútbol de antaño, es que se vivió el clásico del Aconcagua. Luis hacía labores de puntero derecho en el puesto 9 y conocía muy bien su rol, recordaba cada una de las jugadas que el equipo había estado practicando días antes. Es por ello que dado el pitazo inicial, los delanteros de trasandino, tal como habían entrenado, corrieron hacia el arco rival cerrando sus posiciones hacia el centro de la cancha. Un preciso centro ejecutado desde el medio campo calló en los pies de Luis, quien rápidamente conectó un épico remate sobre la cabeza del portero, que aún concentrado en marcar el área de penal (en esos tiempos los arqueros marcaban con su botín ese punto) apenas supo lo que había sucedido. El gol estaba hecho y de paso, el histórico momento. Así se convirtió, a los 15 segundos del inicio, el gol más rápido del fútbol chileno.

De ahí en adelante, el encuentro hizo honor al rango de clásico. Unión San Felipe logró el empate, luego Trasandino se puso a la delantera con dos tantos. Unión San Felipe logró igualar y solo hacia el final del partido, el “Huaso” Pimentel pudo cerrar el encuentro con una victoria para el equipo de Los Andes.

A la semana siguiente se realizó la tradicional premiación del gol más rápido de la fecha, evento regular en aquellos años. El premio que recayó por supuesto en Luis; una moneda de oro de cien pesos y algunas botellas de vino Concha y Toro coronaron la hazaña futbolística.

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Para el ex Trasandino aquel recuerdo de sus glorias pasadas es definitivamente uno de los momentos más felices de su carrera como futbolista. Sin embargo, aquella visión del pasado contrasta con una perspectiva bastante crítica del presente del fútbol, especialmente a nivel local. En su opinión es desde la década de los 80 -periodo en el que Luis, ya retirado de Trasandino, pasó por diversos equipos amateur de la zona, siendo “Estibadores” en el que más tiempo estuvo- cuando el fútbol comenzó a cambiar y decaer: Antes había mucho más espíritu, un mayor compromiso de los jugadores por su equipo, como también una sociedad más inmersa en esta cultura, señala. Hoy en día los campeonatos se han apagado poco a poco, incluso muchos equipos han desaparecido. Las razones para Luis, están en una juventud que no se interesa realmente por el fútbol, que tiene los espacios y las posibilidades, pero que no las ocupa, que no va a las canchas, ni a los viejos clubes, que prefiere el alcohol y las drogas.