Componedores de huesos: las milagrosas manos de Cotoyo

 

Por Jorge Cancino y Danilo Herrera

 

La cura de huesos es una vieja práctica que consiste en aliviar malestares musculares o dolores a causa de huesos torcidos mediante masajes o movimientos de los mismos . En el valle del Aconcagua existían varios curadores de huesos, algunos incluso alcanzaron gran fama. También se conoce como: compostura de huesos, hueseros, masajista.

Cotoyo
Teodoro Espinosa (Cotoyo) con un paciente *fotografía gentileza de Sra. Maria esposa de Teodoro Espinosa

La memorias que aún hoy perviven sobre la “cura de huesos” nos permiten reconstruir la práctica de este oficio así como la vida de algunos de sus más relevantes exponentes en la zona. 

Manuel Herrera ex – estibador de la Aduana, vivió por experiencia los beneficios de tratarse con alguno de los virtuosos “curadores”. Según él, antes eran muchos quienes ejercían este oficio, sin embargo sólo conoció a unos pocos. Recuerda especialmente a la familia Espinosa, de la cual varios de sus integrantes se desempeñaban como hueseros:  Manuel Espinosa y sus hijos; Teodoro, conocido como Cotoyo, Leo y María, practicaron este oficio durante décadas.

Particularmente conocidos fueron el padre Manuel y su hijo Cotoyo, quienes con su talento llegaron a tener tal cantidad de público, que era necesario sacar número para poder atenderse. Desde todo el valle del Aconcagua,  Santiago e incluso Mendoza venían a tratar sus malestares con estos hombres de “manos milagrosas”.

  Manuel Herrera que trabajó desde muy joven en la Aduana, recuerda visitar en dos ocasiones a Cotoyo. La primera vez que acudió, fue por causa de una lesión en el pie, ocasionada por el intenso trabajo de descarga de sacos en el antiguo Tren Trasandino. Varios vagones con treinta mil kilos de carga cada uno, en sacos de cincuenta kilos tuvo que descargar su cuadrilla. Después de un rato de trabajo (y producto de andar descalzo piensa) comenzó a sentir un malestar en el empeine, lo que le impidió seguir con su labor. Pidió permiso a la jefatura para ir donde el “huesero”. En ningún momento  se le pasó por la mente ir al hospital pues ahí no se resolvían bien los problemas de ese tipo y la experiencia le había enseñado que podía ser incluso peor.

 Cotoyo revisó su caso; comenzó el tratamiento con algunos masajes en la zona, y después, con un fuerte tirón, puso en su lugar lo que estaba torcido. En otra ocasión producto de fuerzas mal hechas después de una operación, sintió fuertes dolores en su pecho, visitó nuevamente a Cotoyo quien le pidió realizar algunos ejercicios de respiración, después de lo cual con un fuerte apretón volvió una costilla a su lugar, solucionando de esta manera el problema.

No solo Manuel visitó a los Espinosa, sino que gran parte de su cuadrilla (que llegó a tener 200 trabajadores) y otros conocidos acudían constantemente para calmar sus dolores, algunas veces a causa de esguinces, zafaduras y hasta huesos quebrados, en otras ocasiones en busca de simples masajes. Recuerda  Manuel que por no más de 5.000 pesos actuales uno podía solucionar o calmar sus malestares.

Su esposa María relata varios detalles que aportan a crearnos una imagen más cercana de cómo ejercía su oficio Teodoro. Primero debemos entender que las habilidades de Cotoyo fueron una suma de dos factores: un don innato heredado de una familia dedicada al oficio durante décadas y su trabajo ligado al deporte en el mundo del box y en el equipo de fútbol San Martín. En estos trabajos aprendió observando técnicas para tratar malestares musculares. Con el tiempo la demanda de pacientes fue tan grande que se vió obligado a dejar sus labores en el equipo y dedicarse exclusivamente a este oficio. Una galería anexa a la casa servía de “consulta”, la cual, separada por una cortina permanece casi intacta hoy en día. María aún guarda las cosas de su esposo, por un ejercicio de nostalgia pues simplemente no quiere botarlas. Pese a que jamás se dejó tratar por su marido, María reconoce en él un don para diagnosticar y solucionar únicamente con el tacto las dolencias de quienes llegaban a él.

La fama que adquirió Teodoro llegó hasta los periódicos locales, en una entrevista publicada el 24 de septiembre del 2004 en el  diario El Observador, Cotoyo nos cuenta en mayor profundidad cómo recibió y perfeccionó sus conocimientos. Según relata en la entrevista, en los años 60’, de manera autodidacta y aprovechando su gusto por el deporte fue observando el trabajo de los masajistas, en la peleas de los antiguos campeonatos de boxeo que se realizaban en la zona, dicha experiencia le enseñó sus primeras técnicas de masaje, que lo llevó a aprender a centrar huesos. De esta manera es que por más de 25 años se dedicó a esta ocupación, y a través de la práctica, y lejos de cualquier manual de medicina mejoró sus habilidades en el masaje. Su procedimiento de trabajo consistía en diagnosticar el problema tocando la zona afectada para después proceder según el caso: si había un hueso comprometido ponía atención al tendón para después corregir el hueso, si era necesario un masaje, aprovechada todo su talento en una práctica que a su juicio era sumamente beneficiosa al corregir y desinflamar las partes afectadas sin dañarlas

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A la izquierda: Cotoyo A la derecha: Segundo «Chato» Espinosa *fotografía gentileza de Sra. Maria esposa de Teodoro Espinosa

El año 2013 falleció Teodoro a la edad de 84 años, despedido entre amigos, familiares y agradecidos pacientes. Su fama se mantuvo hasta el final, prueba de esto son los artículos de prensa informando la triste noticia. Hoy solo su hermana María sigue realizando masajes ocasionalmente, con lo que aquella tradición familiar pareciera estar apunto de perderse.

Segundo Coloquio: «Patrimonio Natural en el Valle del Aconcagua».

El pasado sábado 16 de julio llevamos a cabo nuestro segundo coloquio, titulado “Patrimonio Natural en el Valle del Aconcagua”. Esta vez contamos con la colaboración de la Ilustre Municipalidad de San Felipe, el Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y el Programa Par Explora de CONICYT Valparaíso.

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Palabaras de bienvenida de nuestro presidente Jorge Cancino.

La actividad tenía por objetivo, generar una instancia de conversación entre el público y los diferentes actores que actualmente trabajan por la conservación del patrimonio natural en Aconcagua. De esta manera se buscaba reflexionar sobre los problemas que aquejan la existencia de los entornos naturales del valle, y por qué es necesario involucrarnos como sociedad para procurar su existencia presente y futura.

A pesar de haber sido un día feriado, contamos con una amplia asistencia de personas, quienes llegaron desde diferentes puntos de la zona, incluyendo Quillota y Santiago. Esto nos confirma una vez más el interés por el patrimonio y la importancia de realizar este tipo de actividades abiertas a la comunidad.

El coloquio partió con el primer bloque de expositores conformado por Álvaro Bohme de la Agrupación Ecológica de Campos de Ahumada y Catherine Kendrick del Parque Andino Juncal.

Desde la Agrupación nos hablaron sobre su proceso de conformación, la lucha contra la minería y la basura que dejan los visitantes. Su relato demuestra cómo las comunidades, a pesar de las desventajas que pueden tener frente al desarrollo minero y los intereses de privados, se pueden organizar para frenar los peligros que degradan su hábitat.

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Catherine Kenrick presentando sobre el Parque Andino Juncal

Del mismo modo, desde el Parque Andino Juncal nos contaron cómo evolucionó la idea de crear un parque privado para la conservación de un ecosistema alto andino. Su experiencia dejó en claro las posibilidades que existen para conservar el patrimonio natural, pero sobre todo, lo importante que son las alianzas para que esta conservación sea efectiva y duradera.

Después de estas presentaciones, inmediatamente el público se animó a hacer preguntas a los expositores, incluso a intervenir y contestar consultas hechas por sus pares, conversaciones que fueron continuadas en el descanso.

El segundo bloque lo conformaron Juan Carlos Cerda especialista en ecosistemas de montaña, Doris Sanhueza del Centro de Investigación en Turismo y Patrimonio (CITYP) y Denisse Núñez de CONAF.

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El especialista en ecosistemas de montaña, Juan Carlos Cerda.

Juan Carlos nos habló de la importancia de conservar las cuencas hidrográficas que forman el valle, por ser estas donde se encuentran los ecosistemas que dan vida los ambientes naturales y sociales del valle (medio ambiente, economía y cultura). Su principal propuesta se fundó en la necesidad de generar una planificación intercomunal en estas áreas, argumentando su beneficio social al suplir la falta de áreas verdes urbanas en la zona, cuidando de las ya existentes en la cordillera cercana.

Por su parte, Doris nos contó sobre el trabajo de CITYP, destacando lo realizado en relación al catastro de especies, la identificación de espacios de patrimonio natural y el desarrollo de oferta turística de intereses especiales. Según la investigadora, éste sería el camino para generar la conservación de los ambientes naturales de Aconcagua, de manera consciente y sustentable.

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La directora de la oficina de CONAF en Aconcagua, Denisse Núñez.

Por último, Denisse de CONAF nos instruyó sobre los marcos legales para la protección del patrimonio forestal en Chile. Desde un punto de vista crítico, se refirió al problema de la conservación del bosque esclerófilo típico de la zona de Aconcagua, el que tiene poca presencia en la legislación vigente. Esto haría que su protección sea poco efectiva, frente a las amenazas humanas y climáticas que lo están haciendo desaparecer y, con ello, aumentar el avance del desierto.

De este modo se dio término a las exposiciones y se abrió el conversatorio en torno al vino de honor preparado para la ocasión. Los asistentes tuvieron la oportunidad de conversar con los expositores, compartir experiencias y problemáticas en común, y animarse a generar una propia red de cooperación.

De nuestro lado podemos decir que fue un coloquio intenso, que cumplió su objetivo de generar la instancia para crear lazos, abriendo nuevas oportunidades para avanzar en la conservación de nuestro patrimonio natural, fuente de identidad colectiva para los habitantes de Aconcagua.

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Al término de las presentaciones, a modo de agradecimiento, los expositores recibieron un diploma y un regalo.