La liga olvidada: box en el valle de Aconcagua (Parte I)

Por Jorge Cancino y Danilo Herrera

 

Hace años que en Chile el boxeo es un deporte de poca convocatoria. Desde la retirada de Martín Vargas a finales de los 90, que este deporte dejó las primeras planas para recluirse en un círculo reducido del que ya poco hablamos. Sin embargo, en su época de auge, entre los 50` y 70`, las ramas de este circuito se extendían no sólo por la capital, sino que conformaban un núcleo potente en provincias. En el valle de Aconcagua, por ejemplo, el ring era un espacio habitual dentro de la sociedad en general,donde las peleas formaban parte de un espectáculo cotidiano y de un fuerte arraigo local.

articles-124473_thumbnail

En este contexto, la liga de boxeo se convirtió rápidamente en parte del imaginario local, convocando semanalmente a gran parte de los habitantes de Los Andes y comunas aledañas. Era el panorama del fin de semana, al que asistían no solo los varones fanáticos del pugilismo, si no que  familias completas.

Aún hoy quedan vestigios de aquella época, encarnados en los relatos de notables boxeadores y sus familias. Algunos ya no nos acompañan, pero los que sí, conservan un imaginario cargado de anécdotas y relatos notables de un Los Andes distinto, en donde el boxeo era un espectáculo tan popular como lo es hoy el fútbol.

El box que se practicaba en la zona era principalmente amateur. Los jóvenes deportistas comenzaban su carrera a temprana edad, entre los 10 y 12 años, y muchas veces casi por casualidad, como espectadores cercanos que en algún momento, y por diferentes razones, fueron llamados a subir al ring. Si tenían habilidades, se insertaban en  el  circuito local, a través de algún club deportivo o empresa (que contase con una rama de deportes). Algunos boxeadores, más talentosos que otros, recorrían diferentes comunas y ciudades probando sus habilidades. Si vencían a los diferentes contendores de la zona se alzaban como “campeones del Aconcagua”, una suerte de título no oficial que adquirían los deportistas más avezados.

articles-124485_thumbnail

NuevoDocumento 4_1
A la derecha (chaleco blanco) Segundo «Chato» Espinoza. Fotografía parte del archivo de Doña Margarita gallardo, esposa del boxeador.

Todos los viernes y sábados se peleaba. El lugar central para la actividad de la liga era el actual Estadio Centenario, que en ese entonces mantenía un espacio especialmente habilitado para los encuentros (edificio que aún hoy se conserva). La Asociación de boxeo se encargaba de organizar las peleas a las que acudían los boxeadores de las diferentes comunas y  clubes deportivos. Aquí participaban el Club San Martín de Coquimbito, Calle Larga, San Rafael, San Vicente, Los Andes, Centenario, Ferroviarios, entre otros. De este campeonato se elegían a los mejores para ir a pelear a Valparaíso o Santiago. En este tránsito de luhadores aparecieron deportistas como el “Cotoyo”, Juan “dinamita” Jelez, “Matucho” Baez, Leonardo Durán, “Chico” Carrera, Juan Lobos y el “Chato” Espinoza, este último una de las figuras más importantes a nivel local, que llegó a disputar el título nacional y enfrentarse al campeón sudamericano Ulises Moya.

El deporte se convirtió rápidamente en un evento tan masivo y serio que Incluso el regimiento contaba con su propia liga interna que en ocasiones salía a eventos con la liga local; no obstante se constituía como una  liga menor, con muchos menos boxeadores que la andina.

Sin duda hablamos de un espacio cultural de ocio importante, en donde no es el deporte únicamente lo que configuró las dinámicas sociales sino que todo lo que rodeaba al pugilismo.

Esta investigación, que consta de dos partes, busca retratar de forma cercana esta liga hoy desconocida para el grueso de los habitantes más jóvenes del valle. Nos acercamos a sus historias, conversamos con los que quedan y con sus familias para de alguna forma, dejar acá un homenaje patente a sus trayectorias.