Por Jorge Cancino / Danilo Herrera.-[Untitled]001

En el barrio Centenario de la ciudad de Los Andes, sentados en una banca, en un punto intermedio entre una vieja Fuente de Soda y el busto de nuestro heroico Arturo Prat, escuchamos uno de esos relatos, donde más allá de los próceres y “los grandes hechos”, nos encontramos a la vida cotidiana y a punta de nostalgia, la más entrañable identidad local.

Corría el año 1976 y en el campeonato de fútbol de segunda división se enfrentaban en “el clásico del Aconcagua” Trasandino de los Andes contra Unión San Felipe. Como era lo común en aquellos tiempos, las graderías del Estadio de Unión San Felipe estaban llenas de fanáticos de ambos equipos. El encuentro fue peleado y emocionante, y sin embargo, más allá de los detalles propios de un evento de ésta categoría. El show fue robado por un sólo hombre: Luis Ahumada, delantero de Trasandino, quien a solo 15 segundos del inicio del pleito concretaría la hazaña deportiva de su vida: “el gol más rápido de Chile”.

Hoy Luis es chofer de colectivos, y ya retirado de hace mucho del fútbol profesional, recuerda aquellos tiempos de gloria:

A sus veinte años llegó a Trasandino después de haber pasado sus primeras experiencias de campeonato dentro del afamado Club Hermanos Clark. Este ascenso al fútbol profesional le trajo cambios importantes en su vida. Lo llevó a enfrentarse en segunda división con los principales equipos del torneo: Unión San Felipe, Wanderers y La Serena, entre otros. Le permitió recorrer todo el país en avión y tren, jugando el deporte de sus amores, y si bien competir en segunda división no lo hizo millonario, y tuvo que seguir trabajando para mantenerse, su talento y esfuerzo le permitieron trabajar y dedicarse diariamente por 4 horas a entrenar.

Para Luis en aquellos tiempos el fútbol se vivía de otra manera. Una gran fanaticada acompañaba a trasandino por largas distancias; buses e incluso trenes eran arrendados por hinchas benefactores para que Los Andinos viajasen a cada encuentro del equipo.

En un ambiente mucho más familiar los partidos llenaban los estadios, que aunque pequeños, atraían a una incondicional fanaticada. Los gastos del equipo se cubrían a pulso, en una suma de fuerzas entre eventos especiales, venta de entradas y el aporte de auspiciadores locales (Casa Any, Najum, Omeñaca, Cariola, etc).

En este escenario de aquel fútbol de antaño, es que se vivió el clásico del Aconcagua. Luis hacía labores de puntero derecho en el puesto 9 y conocía muy bien su rol, recordaba cada una de las jugadas que el equipo había estado practicando días antes. Es por ello que dado el pitazo inicial, los delanteros de trasandino, tal como habían entrenado, corrieron hacia el arco rival cerrando sus posiciones hacia el centro de la cancha. Un preciso centro ejecutado desde el medio campo calló en los pies de Luis, quien rápidamente conectó un épico remate sobre la cabeza del portero, que aún concentrado en marcar el área de penal (en esos tiempos los arqueros marcaban con su botín ese punto) apenas supo lo que había sucedido. El gol estaba hecho y de paso, el histórico momento. Así se convirtió, a los 15 segundos del inicio, el gol más rápido del fútbol chileno.

De ahí en adelante, el encuentro hizo honor al rango de clásico. Unión San Felipe logró el empate, luego Trasandino se puso a la delantera con dos tantos. Unión San Felipe logró igualar y solo hacia el final del partido, el “Huaso” Pimentel pudo cerrar el encuentro con una victoria para el equipo de Los Andes.

A la semana siguiente se realizó la tradicional premiación del gol más rápido de la fecha, evento regular en aquellos años. El premio que recayó por supuesto en Luis; una moneda de oro de cien pesos y algunas botellas de vino Concha y Toro coronaron la hazaña futbolística.

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Para el ex Trasandino aquel recuerdo de sus glorias pasadas es definitivamente uno de los momentos más felices de su carrera como futbolista. Sin embargo, aquella visión del pasado contrasta con una perspectiva bastante crítica del presente del fútbol, especialmente a nivel local. En su opinión es desde la década de los 80 -periodo en el que Luis, ya retirado de Trasandino, pasó por diversos equipos amateur de la zona, siendo “Estibadores” en el que más tiempo estuvo- cuando el fútbol comenzó a cambiar y decaer: Antes había mucho más espíritu, un mayor compromiso de los jugadores por su equipo, como también una sociedad más inmersa en esta cultura, señala. Hoy en día los campeonatos se han apagado poco a poco, incluso muchos equipos han desaparecido. Las razones para Luis, están en una juventud que no se interesa realmente por el fútbol, que tiene los espacios y las posibilidades, pero que no las ocupa, que no va a las canchas, ni a los viejos clubes, que prefiere el alcohol y las drogas.